Frutas como maracuyá, granadilla, curuba y gulupa se consolidan en más de 30 mercados internacionales

Bogotá, 21 de abril de 2026

La producción de pasifloras en Colombia se ha convertido en una de las apuestas más importantes del sector agropecuario, gracias a su impacto en la economía rural, la generación de empleo y el fortalecimiento de la seguridad alimentaria.

Frutas como el maracuyá, la granadilla, la curuba y la gulupa han logrado posicionarse en más de 30 mercados internacionales, incluyendo destinos como la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá.

Actualmente, el país cuenta con más de 8.000 hectáreas sembradas de pasifloras y alrededor de 25.000 productores, en su mayoría pequeños y medianos agricultores que dependen de este cultivo para su sustento.

Este sector también ha contribuido a la diversificación de las exportaciones colombianas, con ingresos que alcanzan varios millones de dólares al año, impulsados por la alta demanda de frutas exóticas y el cumplimiento de estándares fitosanitarios internacionales.

La gulupa se destaca como una de las frutas con mayor crecimiento en exportación, debido a su valor agregado y aceptación en mercados exigentes.

La producción de pasifloras tiene una fuerte presencia en departamentos como Antioquia, Cundinamarca, Boyacá, Huila y Valle del Cauca, donde las condiciones climáticas favorecen su cultivo.

En estas regiones, este tipo de agricultura se ha convertido en una alternativa clave para el desarrollo rural, la generación de ingresos y la sustitución de economías ilícitas.

El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) ha sido fundamental en este proceso, al garantizar la sanidad vegetal, la certificación de exportaciones y el cumplimiento de normas fitosanitarias.

Entre sus principales acciones se encuentran el registro de predios productores, el monitoreo de plagas, la expedición de certificados fitosanitarios y la vigilancia del uso de plaguicidas autorizados.

También se promueve la implementación de buenas prácticas agrícolas, como el manejo responsable del suelo y el agua, el uso adecuado de insumos y la adopción de métodos sostenibles de producción.

Estas acciones buscan asegurar la calidad e inocuidad de las frutas, fortalecer la confianza de los mercados internacionales y mejorar la competitividad del sector agrícola colombiano.

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